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La aventura del reciclaje

Reciclar es toda una aventura en sí misma, llena de descubrimientos mágicos y que podemos vivir con los más pequeños en forma de cuento. En esta ocasión, desde Ciconia hemos querido hacer partícipes a los niños en esta búsqueda de soluciones al problema de los residuos, introduciéndolos como parte activa de las aventuras del Mago Palacios.

Las aventuras del Mago Palacios.

Había una vez un pueblo que estaba todo lleno de basura. Por las calles había botellas de plástico, bolsas de basura, pañales usados… Olía tan mal que los niños tenían que salir a la calle con las dos manos en la nariz, y claro, así no podían montar en bicicleta, no podían hacer dibujos, no podían votar la pelota. Así que un día, cansados de no poder jugar, los niños del pueblo fueron a buscar al Mago Palacios, famoso por su gran sabiduría y por vivir en un palacio hecho de cajas de cartón.
Cuando llegaron, los niños le preguntaron que qué podían hacer para vivir en un pueblo más limpio, y él les contó que había una cueva con dinosaurios donde había contenedores de colores, y que si eran capaces de traerlos podrían echar la basura en ellos y así todo estaría limpio. Pero que para ello, tendrían que ser muy valientes y grandes aventureros. Y para ser aventurero hay que saber leer un mapa, ¿vosotros sabéis? Hay que saber encender una linterna ¿sabéis? Y hay que saber escalar una montaña ¿sabéis?
Como veo que sois grandes aventureros, creo que es hora de emprender el largo viaje, pongámonos las botas de montaña, la mochila y arranquemos las motos. Rummm rummm, ¡cuidado una curva, y otra y otraaaa! y ¡un bache!
Ya veo la montaña de la cueva, pero antes hay que cruzar un río. Rápido, todo el mundo remando. ¡Todo el mundo cogido de la mano, que sopla el viento! Al fin lo hemos cruzado, suerte que nadie ha salido volando con el fuerte viento que soplaba. Ya solo nos queda un paso más, la escalada a la montaña gigante. ¿Estáis preparados para escalar la montaña? Siii, pues adelante.
Bien aventureros, hemos llegado a la cueva, encendamos la linterna para entrar, pero acordaros que es la cueva de un dinosaurio, y si entramos sin llamar, se puede asustar. Siempre que llegamos a un lugar hay que saludar. Tendremos que dar un rugido para que sepa que estamos aquí, Grrrr. Sr. Dinosaurio hemos venido del pueblo de ….. a pedirle los contenedores para que podamos tener nuestro pueblo limpio. Y el Sr. Dinosaurio, les dijo que eso era muy buena idea, que sin duda alguna los ayudaría. Así que salió corriendo y con su enorme boca cogió el contenedor azul, que es el de papel y cartón, y como el papel y cartón pesa muy poco, el dinosaurio lo bajo de la montaña rápidamente. Luego volvió y cogió el contenedor amarillo, que se usa para las botellas de plástico, las latas y los bricks, y como en él se echan muchas cosas, pesaba muchísimo, por lo que el dinosaurio lo bajo haciendo mucha fuerza. Cuando regreso, se fue corriendo a por el contenedor verde clarito, el contenedor del vidrio, y como las botellas de vidrio se rompen como mucha facilidad, el dinosaurio lo bajo con mucho cuidado. Y por último, cuando estaba a punto de coger el último contenedor. ¿Sabéis que paso? Que un niño muy malo que vivía en la montaña, se había olvidado de cerrar la tapa, y como el contendor gris es el contenedor de restos de comida, si dejamos la tapa abierta huele un poquito mal. Así que el dinosaurio se puso la patita en la nariz y bajo el contendor a toda velocidad para dejar el mal olor atrás.
Una vez que ya teníamos los 4 contenedores, llego el momento de despedirnos del Sr. Dinosaurio y regresar a nuestro pueblo. Volvamos en Globo. A prisa, todo el mundo soplando para hincharlo, amarremos los contenedores y ¡subamos! Ya veo el pueblo de … Vamos a dejar los contenedores azules de papel y cartón, por aquí, los amarillos de envases de plástico, latas y bricks, por aquí, el verde clarito del vidrio, por aquí y el gris de comida, por aquí. Y todos los niños del pueblo comenzaron a tirar la basura en los contenedores, dejándolo todo super limpio. Hasta que de pronto, apareció el Mago Palacios, llamó a los niños y les dijo que como habían reciclado, les tenía preparado un regalo muy especial. Busco un contenedor amarillo, y las latas las convirtió en bicicletas ¿os gustan las bicicletas? Si, pues hay que decirles a papa y a mama, que echen muchas latas en el contenedor amarillo, para que podamos hacer más bicicletas. El mago corrió, al contenedor azul y empezó a sacar cuadernos para colorear ¿os gusta colorear? Si, pues hay que decirle a papa y a mama, que echen papel en el contenedor azul, para que podamos hacer cuadernos de colorear. Y ¿os gustan los balones? Si, pues vamos al amarillo, que si papa y mama echan muchas botellas de plástico podremos hacer balones y camisetas de equipos de fútbol.

Y así, es como fue, que el pueblo de … se convirtió no solo en uno de los pueblos más limpios, sino también en uno de los más divertidos, porque  aprendieron a hacer cosas guay con la basura. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Autor: Iván Lobato Gago

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